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Una cantidad menor que en años anteriores, unos 10.000 peregrinantes de diferentes puntos del país se agolparon en el acceso a la barraca que flanquea el anfiteatro natural para presenciar la incomparable procesión de luces y cancioneros en Tañarandy.

ABC - Una mezcla de magia, creencia popular, arte y tradiciones se vivió este Viernes Santo, en el Centro Cultural la Barraca, en Tañarandy, distrito de San Ignacio.

En la Barraca se realizó la procesión de la Virgen de la Dolorosa acompañada por el canto lastimero de los estacioneros. Miles de turistas y pobladores de la región presenciaron la procesión por el patio de la Barraca de Koki Ruiz.

En el lugar se instaló un enorme altar adornado con 7.500 espigas de maíz y frutas del campo como calabaza y coco natural. Una laguna situada delante del altar le brindó un entorno natural que llegada la noche con las velas y antorchas encendidas le dio un aspecto mágico llena de luces.

En el predio de la Barraca un lugar lleno de árboles nativos y amplio espacio verde, fue iluminado con luminarias y antorchas. En medio de las candelas se realizó la procesión acompañada de la gente. Mientras miles de turistas aguardaron a la Dolorosa alrededor del altar.

Koki Ruíz señaló que este año el objetivo fue cambiar la rutina y recuperar la espirituralidad del viernes santo.

Añadió que por eso se realizó la procesión en el patio de la Barraca donde se concentraron las tradiciones, el canto de los estacioneros y el encuentro de la Virgen la Dolorosa con su hijo Jesús cuando se bajó de la cruz.

Las luminarias, candiles y antorchas le dio el marco ideado por Ruiz, quien explicó que este año los cuadros vivos se pusieron en escena en el teatro El Molino situado en San Ignacio, a beneficio del Hogar de Anciano San Vicente de Paúl.

Al término de la religiosidad popular la gente pudo apreciar la actuación del coro de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción de Itapúa, dirigida por el profesor Javier Goligorski.


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