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A 130 años de su nacimiento, el eminente guitarrista clásico y compositor sigue dejando sus huellas en la música universal. Destacadas figuras recuerdan su legado.

ABC Color - Hoy el maestro Agustín Pío Barrios cumpliría 130 años. Nacido en San Juan Bautista, Misiones, el pequeño Agustín fue considerado "niño prodigio", por sus virtudes para la música. Tal es así, que -a sus 13 años- su maestro (el argentino Gustavo Sosa Escalada) descubrió que su alumno sería un genio musical.

Tiempo después, incursionó en áreas como el periodismo, la poesía, el dibujo, las matemáticas, la filosofía y la literatura, hasta consagrarse mundialmente como el más representativo compositor para guitarra del siglo XX del continente.

Con más de 300 obras compuestas para guitarra -con géneros como preludios, valses, mazurcas, tarantelas y hasta piezas onomatopéyicas- Barrios dejó para posteridad obras como La Catedral (1921), Preludio en Sol Menor (1921), Danza paraguaya (1924), Choro de saudade (1929), Julia Florida (1938) y Una limosna por amor a Dios (1944).

Los roces con la dictadura de Stroessner hicieron que Barrios abandonara el país, para radicarse definitivamente en El Salvador, país en el que murió a sus 59 años, el 7 de agosto de 1944. Hoy, el artista sobrevive en el emocionado recuerdo de la eternidad.

A continuación, los guitarristas y compositores Felipe Sosa, Berta Rojas, Luz María Bobadilla y Rolando Chaparro rinden tributo al "mago de la guitarra".

"DEJÓ SUS HUELLAS"

Por Felipe Sosa

Mangoré significa toda una proyección guitarrística para toda América, siendo él uno de los primeros intérpretes de América Latina y, por ende, del Paraguay, que ha enfrentado la vida con su guitarra y sus maravillosas obras que, hoy por hoy, se ejecutan en todo el mundo.

En mi concepto, Agustín Barrios es el intérprete y compositor que ha entregado su vida afrontando con un arte, que en aquellos tiempos era aún muy poco conocido, tanto en América del Sur como en América del Norte y América Central, camino en el cual dejó sus huellas y, por ende, difundió una nueva técnica con muchas innovaciones para aquella época.

Es difícil elegir dentro de las cuantiosas obras que he ejecutado y estoy ejecutando en mi carrera como concertista, por lo que cada obra de Barrios tiene una belleza inconmensurable y un estilo clásico y romántico que cautiva, no solo a los intérpretes, sino también al público en general. Es imposible calificar y cuantificar el valor emocional y el valor artístico de sus obras, porque entiendo que cada una de ellas es producto de una vida llena de peregrinaje, afrontando con su mágica guitarra y la belleza de cada una de sus obras que deja al Paraguay y al mundo como un testimonio de su tremenda vocación y disciplina.

Barrios siempre amó a su Patria. Al contrario de algunas corrientes que dicen que se fue del Paraguay enojado, decepcionado por algunos incidentes que tuvo dentro del contexto cultural, en aquella época de nuestro país. Pero no es así, tengo la experiencia, por donde también he viajado -allá, por el año 1970- de gente que lo recordaba como un maravilloso artista y una persona muy bondadosa.

Me considero "péndulo" de Barrios: es decir, lo sigo, copio la corriente de la guitarra de Barrios. Con el maestro Cayo Sila Godoy y yo aprendieron los guitarristas actuales y se formó la tercera y cuarta generación.

Durante mis giras siempre he tocado las obras de Barrios, incluso en el año 1965, a los 19 años, grabé el primer disco catálogo del mundo en homenaje a Agustín Barrios, en el sello RCA Víctor del Brasil. Diez años después, lo grabaron figuras como John Williams, universalizándolo aún más.

Cuando tuve una audición en la radio y televisión francesa, ¡llamaron por teléfono a preguntar si yo también tenía una cinta y una pluma en la cabeza! Entonces, el que dirigía el programa dijo: no, el señor Sosa está muy elegante, con un traje bien etiquetado. ¡Llaman y preguntan si estaba también como indígena! Barrios es único, yo no podría hacer eso. Todo lo que hizo es producto de su peregrinar en el arte.

Por Berta Rojas

Mangoré es una enorme fuente de inspiración y de genuino orgullo como paraguaya y como latinoamericana. Su música, de un romanticismo tardío, fue concebida explorando su virtuosismo en el manejo del instrumento. Combina magistralmente elementos de la música clásica y la música popular. Barrios expande el alcance del repertorio y lo acerca al gran público.

De las obras de Barrios, es La catedral la más difundida y amada en el mundo. No hay país donde no pidan esta obra, y hasta los guitarristas de rock la tocan. Otra obra que adquirió un vuelo impresionante ha sido Un sueño en la floresta, un tremolo que explora todo el rango sonoro del instrumento. De su amplio repertorio elijo esas dos, aunque es difícil elegir, hay poesía en toda su obra...

Entre mis anécdotas, siempre recuerdo aquel chico que, al finalizar un concierto en Washington DC, viene a saludarme y me pide mi guitarra para dedicarme una música. Tocó para mí El último canto. Lo había aprendido en Vietnam. En ese sencillo acto de regalarme esa música del gran Mangoré aprendida en un lugar tan lejano física y culturalmente, quedó claro para mí cuan universal es la obra de este paraguayo cuya música me fascinó desde siempre.

Hacer la gira "Tras las huellas de Mangoré" fue redescubrir a Barrios en las Américas, sentir su fuerte presencia en tantos países y darme cuenta de que Mangoré no solo recorrió las Américas, sino que dejó huellas profundas. Cuando una persona del público en Trinidad y Tobago me regala un programa original de la visita de Barrios a ese país en 1935, me di cuenta de que Barrios tocó profundamente las almas de ese público y de tantos otros que tuvieron la dicha de escucharle en vivo. Uno no guarda un programa toda una vida si esa música no le hubiera tocado el alma. Eso fue Barrios, un mago de la guitarra, un pionero de este instrumento, orgullo paraguayo en el mundo.

Por Luz María Bobadilla

Mangoré marcó un antes y un después con respecto al valor que podría tener el interprete de la guitarra, en primer lugar. En su época, incluso, el que se le haya negado tocar en el Teatro Municipal y todo eso, podría ser porque la guitarra era no era considerado un instrumento de salón, como el piano o el violín. Era como que no tenía "prestigio" para el Teatro Municipal. Y, con él, se jerarquiza al intérprete y el repertorio de la guitarra fue con los años. Yo creo que eso es un aporte muy importante para el guitarrista, sin contar con los aportes técnicos que hizo: el manejo de las voces en Un sueño de la floresta y El último canto; el manejo de los bajos como melodía en Julia Florida, por ejemplo.

La música de Barrios llega a mi vida a través del maestro Sila Godoy y de Felipe Sosa. Yo creo que todos los guitarristas que surgieron después les debemos a ellos, tanto en el campo de la investigación, como en el campo docente. Nos fuimos transmitiendo, en mi caso, también como docente, a varias generaciones de guitarristas. Por lo menos, dos generaciones, a los cuales les transmití todo lo que había aprendido de mi maestro y de mi propia experiencia, porque la ruta de Mangoré la hice por completo. Fui una de las primeras paraguayas que lo hizo completo, incluyendo Cuba, porque no habían llegado otros.

Mangoré es una carta de presentación. Yo creo que es muy importante, como paraguaya. De hecho, este martes doy un concierto en uno de los auditorios más importantes de España (el Auditorio Nacional de Madrid, desde las 19:30), junto a un guitarrista español muy renombrado, José Luis Martínez. El concierto será en homenaje a las fiestas del 14 de mayo, pero también cae justo en la fecha de nacimiento de Agustín Barrios. También recordamos que en el '35 Barrios había estado por España; estamos haciendo una analogía del paso de Barrios por España.

Hay varias obras que destacaría. Entre ellas, la Danza paraguaya: es una de las carteas de presentación de los guitarristas paraguayos, en general, porque le sabemos dar el ritmo sincopado y polirrítmico que tiene la polca. Pero elegiría La catedral, porque es donde Barrios empieza a componer una obra más externa, y la hace en tres movimientos. Es la única obra que tiene tres movimientos. Otros guitarristas de su época empezaron a componer sonatas, y él todavía componía obras de una sola parte. Con eso como que él también va a la vanguardia, haciendo una obra de tres partes, que exige tanto la parte expresiva como el virtuosismo.

Entre las anécdotas que guardo, rescato una en especial: cuando estaba en El Salvador, me obsequiaron una copia de la guitarra, que decían que le regalo la reina de España cuando tocó en Madrid, hecha con maderas de El Savaldor. Estuve varias veces en El Salvador, y tuve el honor de llevar la placa, la primera placa paraguaya que se puso en la tumba de Agustín Barrios en 2005.

En Cuba, me dieron la única copia que se tenía del programa que hizo Agustín Barrios, en ese país. Esa la había dado al maestro Sila Godoy.

Es importante que se recuerde a Mangoré, pero ojalá que no sea solamente en la fecha de su natalicio o de su muerte, sino constantemente, para ayudar a las generaciones a que les sea más fácil el camino del guitarrista, que los jóvenes puedan tener guitarras buenas, tener acceso a los materiales de Barrios, a las partituras originales. Eso es muy importante.

Por Rolando Chaparro

Mangoré, en mi historia, es un capítulo muy importante. Es un momento de descubrimiento de una música, de alguna manera superior, en cuanto a conceptos y virtuosismo. Marcó una etapa de descubrimiento, de experimentación, porque en el disco Bohemio yo hice unas versiones de las obras del gran Mangoré, dedicadas también a un estilo más bien propio, desde rock, que es de donde yo vengo, además del folclore y del 6x8 fusión. Para mí, eso significó una etapa de experimentación. ¡Aprendí muchísimo con las obras de Mangoré!

Para la música universal, es uno de los grandes exponentes de la guitarra clásica a nivel universal, referente de músicos, no solamente del área clásica o erudita, sino también en otras disciplinas como el jazz, el rock, entre otros estilos.

Mangoré tiene distintas obras que te hacen de alguna manera sentir emociones distintas. Obviamente, entre las más destacadas están Las abejas, La catedral... pero también hay obras como Julia Florida o el Preludio en Do Menor... como el Vals Nº 3, obras que -a lo mejor- por ahí no son tan virtuosas, pero que tienen una profundidad enorme, y se nota que cuando él las compuso, tenía esos sentimientos profundos acerca de la búsqueda de la música.

Con mi álbum Bohemio hemos hecho una gira, hemos tocado bastante. Cuando empezamos recién a tocar, nos miraban como bichos raros, sobre todo la gente más clásica, más acostumbrada a tocar las obras de Mangoré (de manera clásica). Pero una anécdota importante tiene que ver cuando un día abrí mi mail y recibí un correo de Steve Hackett, exguitarrista de Génesis, alabando el disco, sobre todo la versión de La catedral.

Ahora estoy trabajando en un nuevo disco tributo a Mangoré, mientras termino de grabar el proyecto de Países guay (N. de R.: una obra que fusiona periodos históricos y culturales de los países de Uruguay y Paraguay). Al terminar eso, quiero dedicarme al disco que empezamos hace ya hace años atrás, pero que estaba demorándose un poco. En principio, porque surgió la historia de la polémica en cuanto a los derechos de autor. Lo habíamos dejado en stand by, pero seguiremos.


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