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Un envolvente universo sonoro con Música para Volar


El talentoso grupo rosarino Música para Volar ofreció un memorable concierto en su segunda presentación en nuestro país. Mucho público asistió al show “Cerati Sinfónico II – La nave vuelve a partir”, que atravesó varias creaciones del músico argentino.
“Vuelta por el universo”, de manos de la Orquesta Sinfónica Nacional, e imágenes del cosmos proyectadas en varias pantallas, sirvieron de introducción envolviendo inmediatamente al público con el mundo sonoro de Gustavo Cerati.
La banda ingresó con “Juego de seducción”, entregando un sonido impecable y demostrando una gran conexión entre sus integrantes José Matteucci (voz y batería), Julieta Sciasci (bajo), Alexis Thompson (guitarras) y Bruno Moreno (teclados), en el concierto realizado el viernes pasado en el Teatro del Hotel Guaraní.
Matteucci, cuya expresividad a la hora de cantar es cautivante, invitó a la gente a volar con las canciones. “Que ellas nos lleven a donde tengan que llevarnos”, dijo antes de hacer “Cae el sol” con el acompañamiento del coro del Conservatorio Nacional de Música. Siguieron con “Hombre al agua” en tanto todo el ensamble sonaba gigante.
El vocalista advirtió que el concierto caminaría por diferentes paisajes sonoros y con formaciones diferentes en cuanto a los músicos invitados. En este sentido ingresó la flautista Andrea Ferreira, para pintarnos un hipnótico cuadro con “El rito”, mientras imágenes abstractas bailaban al son del tema.
Tras un “collage” de temas del álbum “Bocanada” se vino “Séptimo día”, donde el grupo hizo gala de un magistral manejo de diferentes intensidades. La guitarra con efecto “wah-wah” marcó el comienzo de “Fue”, donde se agregó una trompeta con mucha personalidad de Gonzalo Núñez.
Saxo y trombón se sumaron luego para “Rapto”, y más vientos se acoplaron para una vigorosa versión de “Sobredosis de TV”. Aquí la OSN volvió a escena y Matteucci destacó el “intenso y enriquecedor” proceso que vivieron con los músicos en los ensayos. Juntos hicieron una poderosa “Canción animal”.
Sublime fue el momento en que llegó “Adiós”, en tanto se hacía cada vez más evidente la entrega del cuarteto rosarino para con las canciones. “Deja vu” y “Vivo” sonaron exquisitas, pues los integrantes del grupo se complementaban con brío y su ensamble era impecable.
El coro reapareció para unas mágicas interpretaciones de “Lago en el cielo” y “Puente”. El grupo empezó a despedirse, y el vocalista expresó su anhelo de que ojalá “la música haya sido la protagonista”. “Corazón delator” mereció luego una ovación de pie por parte de un público que estuvo encendido durante todo el concierto, que cantó y aplaudió enérgicamente al final de cada canción. Incluso se oyeron gritos de “¡bravo!” y “¡genios!”.
Tras salir de escena el grupo, la gente reclamó más temas, por lo cual los artistas volvieron para cerrar de manera muy emotiva con “Cactus” y por todo lo alto “En la ciudad de la furia”.
Música para Volar no busca ser un tributo que toca por mero trámite, y eso lo palpamos con los personales arreglos hechos por Moreno. El grupo da así un homenaje sincero y genuino, y lo hace desde el respeto por las obras de Gustavo Cerati, cuidando cada detalle ya sea de las interpretaciones como de la puesta en escena.
El resultado fue una excelente conjunción del ímpetu rockero con la delicadeza y expresividad de la música sinfónica, junto con una serie de audiovisuales acordes a los diferentes climas del espectáculo. Fue una maravillosa experiencia donde realmente la música fue la única protagonista y donde definitivamente el espíritu de Cerati sobrevoló el teatro.

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